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Libertad Benito, una joven feminista comprometida, ganadora del Premio Mujeres en Acción

Es como mucha emoción que Libertad Benito recibió el premio Mujeres en Acción el 19 de enero pasado. Este premio reconoce su importante contribución a la lucha por la igualdad entre las mujeres y los hombres. Horas antes de su participación en la Marcha de Mujeres en la capital canadiense, la joven feminista, Consejera en Igualdad de Género del Programa Uniterra en Guatemala (el programa de cooperación internacional del CECI y de SUMC), habló con entusiasmo sobre su recorrido y compromiso en la lucha por los derechos de las mujeres.

El activismo y la justicia social como herencia familiar

Empezando con las mujeres de su familia, de las cuales habla con mucha admiración y respeto, las mujeres siempre han estado en el centro de la vida de Libertad Benito. Es a ellas que esta Madrileña de 28 años agradeció, en primer lugar, al pronunciar su discurso de aceptación del Premio Mujeres en Acción, otorgado por el CECI durante el Foro Internacional 2018. Mujeres fuertes y valientes, que siempre la apoyaron y motivaron para que fuera la primera en su familia de obreros en llevar a cabo estudios universitarios. Mujeres “ejemplares” que la han inspirado profundamente por su valor cotidiano frente a la adversidad y a su determinación para luchar contra la discriminación de género, en una España franquista donde el conservadurismo y la religión dominaban.

Si bien Libertad Benito descubrió la desigualdad de la situación de las mujeres a través de la vida de sus abuelas, de sus tías, y de su madre, fue a través de su padre, homosexual, que dio sus primeros pasos en el camino de la lucha por los derechos humanos. “Era el mejor amigo de mi mamá. Él aceptó convertirse en el padre del hijo que ella deseaba” cuenta Libertad. Es un hombre de izquierda que siempre ha estado muy activo y comprometido. “Él me llevaba  a las manifestaciones y es él que hizo nacer en mí, desde pequeña, esa pasión por el activismo y la justicia social”. Es a él también que debe su nombre poco común, y su gusto por los viajes y las otras culturas.

El despertar al feminismo y a la cooperación internacional

A pesar de haber sido sensibilizada desde muy joven a los retos de la igualdad y la justicia social, es durante sus estudios realizados en el extranjero que Libertad Benito toma conciencia de la evidencia y de la necesidad de su compromiso feminista.

A los 21 años, luego de tres años de estudios en ciencias políticas y derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, sigue sus estudios de derecho en la Universidad de Buenos Aires. Es allí donde descubre la historia de América Latina y sus dictaduras, toma cursos sobre anarquía y derecho de los pueblos autóctonos, y es conquistada por la militancia de los estudiantes universitarios, llegando a considerar que su educación española era muy “euro centrista”. El año siguiente, continúa sus estudios de ciencias políticas en la Universidad Sorbona en Francia, y se apasiona aún más. “París fue mi primer contacto con las teorías feministas y el momento donde me definí yo misma como feminista. Pero en esa época, mi concepción del feminismo era todavía muy blanca y occidental”. Fue durante su maestría en el Instituto de Estudios Feministas y de Género de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Ottawa que su percepción y comprensión de los movimientos feministas y de las mujeres evolucionaron y se afinaron. Es allí que ella descubre las obras de Julieta Paredes, Kimberlé Crenshaw y Yuderkys Espinosa. “Me di cuenta que no existe uno, sino varios feminismos – negro, post-colonial, comunitario, eco feminista, etc. También, en ese momento, tomé conciencia de la importancia de la intersectorialidad y del interés de ir más allá del género cuando se hace un análisis de la situación de las mujeres”.

Libertad realizó muchas investigaciones para su tesis, la cual trata sobre los feminicidios en Guatemala. Es por ello que cuando se presentó la oportunidad de conocer mejor la realidad de las mujeres de ese país centroamericano a través de una práctica en Estudiantes sin Fronteras, el componente estudiantil del programa Uniterra del CECI y del SUMC, no dudó ni un instante.

Durante tres meses, se integró al CECI en Guatemala, viajó en todo el país, y se reunió con varias organizaciones socias, conociendo mejor la situación de las mujeres. Rápidamente, se encariñó con el país y sus habitantes, encontrando un equipo que la llena de entusiasmo y de una inmensa satisfacción de apoyar el avance de los derechos de las mujeres. La experiencia que ella misma califica de “intensa” le dio un giro a su vida.

Regresó a Ottawa con la convicción profunda que ese primer contacto con la cooperación internacional fue sólo el inicio. “Yo quería continuar con lo que había comenzado, compartiendo con las asociaciones,  las cooperativas, el gobierno y el equipo del CECI, con todo lo que había tenido el privilegio de conocer”. Gracias a los conocimientos adquiridos a través de mis estudios, podía realmente contribuir a hacer un mundo mejor. Pasar a otra cosa, habría sido como una traición no continuar…”

Transformar la realidad social

Es así como, tres semanas después de obtener su maestría en Canadá, Libertad regresa a Guatemala como Consejera en Igualdad entre las Mujeres y los Hombres del Programa Uniterra. Desde mayo de 2016, ella trabaja para una mejor integración del enfoque de género en los diferentes programas y proyectos y supervisa la aplicación de la política de inclusión de género, tanto en el equipo del CECI-Guatemala como en las organizaciones socias.

Lo que es formidable con la cooperación internacional, es que ésta realmente contribuye a la transformación de la realidad social” opina la enérgica y sonriente Libertad. “Los cambios iniciados por la política o la legislación pueden tomar mucho tiempo. En la cooperación, es más fácil, más flexible, más inmediato también. Las organizaciones socias siempre están listas para probar cosas nuevas e integrar el cambio, por lo que siempre tenemos la oportunidad de hacer una diferencia real”.

Sin embargo, en Guatemala el trabajo es complejo. “Existen muchos problemas de inseguridad, desigualdad, pobreza, y dificultades relacionadas con los cambios climáticos. Estos problemas afectan a toda la población, pero principalmente a las mujeres y a las niñas. Aparte de todo esto, la colonización tuvo un impacto muy profundo, y el racismo hacia los pueblos indígenas todavía existe, particularmente hacia las mujeres, y está muy presente”, relata Libertad Benito. “Y aunque discursos sobre género empiecen a escucharse en las instituciones públicas que han votado por leyes, y aunque se sientan los cambios en el país, bajo el impulso de los movimientos de mujeres indígenas, se debe reconocer que existen muy pocos recursos que se han destinado para el tema. Asimismo, hay un gran falta de experiencia.”

Una perspectiva regional

Lejos de desanimarse, la joven voluntaria multiplica sus iniciativas desde el inicio. Mientras se involucra en actividades en Guatemala, busca integrar sus acciones en una perspectiva internacional. Interesada en reforzar el rol y el potencial del conjunto de consejeros y consejeras en género del programa Uniterra, Libertad Benito organiza intercambios de herramientas y políticas de género de los equipos de Uniterra en todos los continentes. Ella coordina la creación de un grupo de trabajo, y la puesta en funcionamiento de una biblioteca virtual y un grupo Facebook, con el fin de que cada uno pueda inspirarse de las herramientas y de las mejores prácticas utilizadas por otros.

Rápidamente, esta apasionada joven siente la necesidad de reforzar las relaciones entre los consejeros y consejeras en género de América Latina y del Caribe y desea desarrollar una visión regional de su mandato. “Compartimos los mismos desafíos, en términos de violencia, desigualdad,  acoso, etc. Creo que es necesario trabajar en conjunto, en comunidad, y pensar en una perspectiva global para tener un impacto más grande. Es importante construir lazos de solidaridad entre nosotros.

En noviembre pasado, en un encuentro regional que reunió a los equipos de Uniterra de Perú, Bolivia, Haití y Guatemala, Libertad Benito lanzó la idea de redactar una guía sobre la comunicación en términos de género, que podría servir de referencia para los equipos de América Latina. “Es una manera de crear algo en el Sur que podría ser compartida en el Norte, en Montréal, o en cualquier parte del mundo. Es muy interesante invertir el sentido del intercambio y establecer una relación de igual a igual”, opina la consejera del programa Uniterra.

Ubicarse para perdurar

Paralelamente a su voluntad de trabajar con una perspectiva regional, Libertad Benito continúa trabajando intensamente a nivel nacional. Este otoño, la voluntaria puso en marcha talleres de sensibilización para las diferentes unidades de género creadas por 14 instituciones gubernamentales y ministeriales que, 10 años después de la adopción de una política nacional para la promoción de los derechos de las mujeres, deben integrar prácticas de género. La capacitación es acreditada mediante la obtención de un diploma reconocido por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Si bien esta optimista de naturaleza se felicita de estos avances, Libertad Benito reconoce que las cosas, naturalmente, no van tan rápido como quisiera.

Los cambios en materia de igualdad entre las mujeres y los hombres y en materia de justicia social toman mucho tiempo, pues cuestionan las identidades mismas de las personas, las relaciones de pareja y de familia, y las estructuras de poder en los campos políticos, sociales y económicos”, analiza Libertad Benito. “Creo que las pasos que se han tomado hasta ahora son un granito de arena, pero hay muchas personas que luchan por esta causa. ¡Yo no estoy sola! Estoy segura que las acciones de sensibilización, la puesta en marcha de herramientas de género y la incidencia traerán cambios. Nuestra responsabilidad como voluntarios es asegurar que esas acciones perduren en el tiempo, más allá de nuestros mandatos”.


Uniterra es un programa canadiense de cooperación internacional, ejecutado conjuntamente por el CECI y el SUMC. A través de él, cada año 600 voluntarios contribuyen a un cambio positivo y durable hacia un mundo más igualitario, consacrando de algunas semanas a dos años de su vida a un trabajo voluntario en el extranjero. El programa permite también de implicar a las y los canadienses y desempeñar un papel activo en la lucha contra la pobreza.

El programa Uniterra se beneficia del apoyo financiero del gobierno de Canada a través del Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio Internacional de Canadá.

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