Récit de changement

Unificar a la pareja: compartir el mando para lograr comunidades ruandesas prósperas

Ruanda

Son emprendedoras, madres, esposas y, sobre todo, mujeres decididas que viven en los distritos de Karongi y Rulindo, en Ruanda. En el marco de los grupos comunitarios de ahorro (VSL), estas ruandesas, respaldadas por la organización no gubernamental local Duterimbere y con el apoyo de CECI Ruanda, avanzan cada día con un objetivo claro: fortalecer su autonomía económica y transformar su vida familiar.

Ganarse el respeto

A pesar de su ambición, hasta entonces los obstáculos eran numerosos. Uno de los más abrumadores era la falta de consideración por parte de sus cónyuges. Aunque algunas mujeres lograban superar la contribución económica de sus maridos al hogar, aún estaban lejos de ser reconocidas como miembros activos en las decisiones del hogar. Estas esposas seguían sufriendo violencia, mientras que otras se enfrentaban a la indiferencia o al menosprecio de sus maridos. Frustradas, algunas de ellas llegaban incluso a infligirse a sí mismas insultos, mordiscos y heridas con armas blancas. A este clima tóxico, contaminado por un abismo cada vez más profundo entre los cónyuges, se sumaban verdaderas carencias en la gestión financiera, lo que frenaba su potencial de crecimiento económico.

Fue ahí donde se produjo un giro de 180 grados. Con el apoyo de los voluntarios Beny Ndayishimiye, asesor en género e innovación empresarial, y Shima Butera, asesor en comunicación y tecnologías de la información, del Programa de Cooperación Voluntaria (PCV) del CECI, el proyecto apostó por una herramienta inesperada, pero decisiva: la reeducación conyugal. Al reunir a mujeres y hombres en torno a conversaciones francas sobre sexualidad, crianza de los hijos, gestión de conflictos, respeto mutuo y dinámicas económicas, el proyecto ofreció un espacio seguro donde todos y todas podían expresarse sin ser juzgados.

Las mujeres, que ya estaban comprometidas en sus comunidades como mentoras y líderes, desempeñaron un papel clave en impulsar este cambio. Al orientar a las nuevas integrantes y compartir sus desafíos conyugales y profesionales, rompieron el silencio y fomentaron la transformación hacia relaciones más saludables. Su implicación permitió difundir prácticas más justas, más sostenibles y, sobre todo, más humanas.

Los efectos se hicieron sentir desde las primeras capacitaciones.

Cambios tangibles

Durante un ejercicio de diálogo entre cónyuges, seguido de un intercambio en grupo, cuatro parejas —principalmente los maridos— afirmaron haber cambiado su comportamiento y haberse comprometido a apoyar activamente los proyectos de sus esposas. Los testimonios revelaron algo esencial: al comprender mejor al otro, se construye un camino común más sólido que beneficia a todos y todas.

Una pareja, a la que llamaremos Nana y Lambert, compartió su experiencia de manera más concreta: Lambert señaló que la capacitación le había permitido valorar más la actividad económica de su esposa, Nana. Al principio, convencido de que ella debía limitarse a sus tareas domésticas, poco a poco comenzó a valorar el negocio de su esposa. Al brindarle más apoyo en el hogar, permite que Nana libere tiempo para realizarse a través de su actividad económica. Al generar más complicidad en la pareja, ingresos y una influencia notable, todas las partes se benefician de mantener esta colaboración.

La voluntaria del PCV, Shima, contribuyó en gran medida a esta dinámica, al dinamizar las sesiones con métodos participativos que fomentaban la expresión, la escucha y el cuestionamiento. El proyecto permitió romper tabúes, abordar los roles de género y las violencias a menudo invisibles, y dar lugar a nuevas formas de vivir la relación de pareja como una verdadera asociación.

Estos encuentros también fueron una oportunidad para que las mujeres pusieran palabras a las tensiones que vivían entre su rol de emprendedoras y las exigencias sociales relacionadas con el hogar. Al expresar juntas sus desafíos —financieros, emocionales, relacionales— reforzaron su resiliencia y sembraron las semillas de un bienestar colectivo.

Construir bases sólidas

Por último, los talleres han sentado unas bases sólidas para un nuevo modelo familiar basado en el respeto, la equidad y la cooperación: un ejemplo duradero para los niños que lo observan y lo viven. El impacto en las próximas generaciones se ha hecho rápidamente visible: los niños contribuyen ahora más en las tareas del hogar y las niñas expresan con mayor libertad sus ambiciones académicas y profesionales. Su madre, por fin, ha dejado de ser una ama de casa discreta para convertirse en una emprendedora activa y una copartícipe en la toma de decisiones llena de confianza.

Estas mujeres y sus maridos se comprometen hoy a construir un hogar basado en el respeto, la escucha y la colaboración. Porque empoderar a una mujer es también abrir la puerta a una pareja más unida y a una comunidad más fuerte.

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