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En Senegal, en la región de Matam, muchas mujeres construyen cada día el futuro de sus comunidades a través de su trabajo y determinación. Con motivo del Día Internacional de los Derechos de las Mujeres, es fundamental visibilizar estos recorridos que dan testimonio de coraje y liderazgo. Awa Sow es un ejemplo inspirador de ello.
Casada desde hace más de veinte años, Awa ha construido su vida con dignidad y perseverancia. Tras un recorrido escolar limitado a la alfabetización básica, se convirtió en costurera. Durante mucho tiempo, la costura fue su principal fuente de ingresos. Tejía sábanas y confeccionaba telas personalizadas para las mujeres de su comunidad.
Con el deseo de diversificar sus actividades, Awa también acondicionó un pequeño huerto familiar donde cultiva berenjena. Sus ingresos le permitían sobre todo cubrir las necesidades esenciales de su hogar y apoyar a las niñas y niños bajo su cuidado. El ahorro era escaso, las posibilidades de ampliar sus actividades eran limitadas y la confianza para afirmarse en los espacios de decisión aún era frágil.

Es en este contexto que se desarrolla el proyecto SAGA 2 — Seguridad alimentaria y agricultura: una adaptación acelerada — coordinado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con el apoyo técnico y financiero del Gobierno de Quebec.
En el pueblo de Mbam, en la región de Matam, el CECI impulsa la iniciativa de Jardines Integrados de Resiliencia. Esta iniciativa abre espacios para que las mujeres fortalezcan sus conocimientos, accedan a parcelas de horticultura y desarrollen soluciones concretas que consoliden su autonomía económica y su capacidad de adaptación frente a los cambios climáticos.
Para Awa Sow, esta iniciativa representa un punto de inflexión. Obtiene una parcela dentro de un perímetro hortícola y participa en varias formaciones: liderazgo y desarrollo personal, reconocimiento y gestión de semillas, economía circular, fabricación de fogones mejorados e instalación y mantenimiento de paneles solares. Estos aprendizajes van mucho más allá de las técnicas agrícolas. Alimentan una reflexión sobre los desafíos climáticos, la gestión sostenible de los recursos y el papel central de las mujeres en la vida económica y social de sus comunidades.
Hoy, los cambios son visibles. Su actividad hortícola genera ingresos adicionales y contribuye a una alimentación saludable, abundante y diversa para su familia. Las verduras que antes se compraban en el mercado ahora se cultivan localmente. Awa ahora puede ahorrar, enfrentar imprevistos y desarrollar un pequeño comercio complementario. Sueña con continuar ampliando sus actividades para ahorrar lo suficiente y adquirir una máquina de coser.
Esta inversión le permitiría reducir el tiempo de confección, fortalecer aún más su autonomía económica y disponer de más tiempo para sí misma. Pero la valentía de Awa no se limita al aspecto económico. Las formaciones en liderazgo han fortalecido su confianza. Participa más en la toma de decisiones y se expresa con mayor seguridad en las discusiones públicas. También señala que su libertad de movimiento se ha ampliado desde que empezó a contribuir más a los gastos del hogar. La formación en energía solar representa un motivo especial de orgullo. Junto con otras mujeres, participó en la instalación del sistema solar que alimenta la casa del jefe del pueblo.
También realizan reparaciones en aldeas cercanas que cuentan con instalaciones solares en los perímetros hortícolas, un ámbito tradicionalmente reservado a los hombres. Gracias a los conocimientos adquiridos sobre semillas y biochar, Awa y las demás mujeres también contribuyen a mejorar la fertilidad de los suelos y a fortalecer la sostenibilidad de las tierras agrícolas. En una localidad donde la presencia de los servicios públicos sigue siendo limitada, la iniciativa SAGA 2 abre espacios de aprendizaje, colaboración y acción para las mujeres de la comunidad. El recorrido de Awa Sow refleja la valentía de las mujeres: una valentía hecha de trabajo, perseverancia, aprendizaje y compromiso.
A través de su historia, resuena un mensaje en este 8 de marzo y en este Año Internacional de las Agricultoras: cuando las mujeres cuentan con espacios para aprender, emprender y decidir, impulsan transformaciones duraderas para ellas mismas, sus familias y sus comunidades.
