Historia de éxito

Tres hermanas que siembran futuro en Rabinal

Guatemala
Publicado por : Wendy De Leon

Bajo el fuerte sol de la mañana en Rabinal, tres hermanas ríen. Sus manos y brazos están cubiertos de hojas de neem, pero sus ojos brillan: Pedrina, María Judith y Angelina Cojom Tun han aprendido a cuidar la tierra de otra manera. Las tres hermanas con espíritu alegre crecieron entre maíz y frijol, y hoy continúan cultivando la tierra, pero con nuevas prácticas aprendidas en los talleres de bioinsumos de Qachuu Aloom.

Talleres agroecológicos para restaurar los suelos y apoyar a las comunidades

En años recientes ha habido un uso indiscriminado de agroquímicos que están alterando los ecosistemas y quebrantando la fertilidad de vida microbiológica de los suelos. Ante esto, Qachuu Aloom está implementando una serie de talleres sobre cultivos orgánicos y producción de bioinsumos naturales para mujeres agrícolas de 22 comunidades. Dichos talleres han sido financiados por el Centro de Estudios y Cooperación (CECI), en el marco del programa de cooperación voluntaria del CECI y con financiamiento de Fondos Temáticos. Se han financiado propuestas innovadoras del sector agrícola que promueven el empoderamiento económico de las mujeres y resiliencia ante el cambio climático.

Los talleres reconocen y valorizan los conocimientos ancestrales. Los talleres crean espacios de intercambio de saberes recíprocos, combinando experiencia técnica y experiencia comunitaria de las familias. Las mujeres comparten lo que han aprendido en sus milpas y, al mismo tiempo, incorporan nuevas prácticas agroecológicas que fortalecen lo que ya saben. Se introdujeron nuevas prácticas para la elaboración de bioinsumos, abonos orgánicos e insecticidas naturales, como alternativa más sostenible y ecológica que el uso de productos químicos, alineado a la conservación de la práctica ancestral de cultivo del Sistema Milpa.

Hace un mes, las hermanas participaron en el primer taller de bioinsumos de Qachuu Aloom, motivadas por aprender y fortalecer su autonomía económica. Allí aprendieron a preparar su propio abono orgánico e insecticida Bio-Cafrex. “Desde que usamos nuestro abono, el maíz está más verde y fuerte”, sonríe Pedrina, la más risueña de las tres. El Biocafrex incluso lo han usado con sus gallinas. “Nuestras aves están sanas y se enferman menos”, dijo Angelina.

En comunidades de Guatemala como Rabinal, la milpa es el corazón de la seguridad alimentaria. Cuando la milpa es sana, las familias comen mejor y pueden vender los excedentes. El trabajo en la milpa no es fácil: requiere madrugar, fuerza y paciencia. “Cuando hacemos nuestro propio abono y fungicida, gastamos menos dinero. Lo que ponemos es nuestro tiempo. Eso vale la pena porque nuestros cultivos están más grandes y verdes”, dice María Judith.

Gracias a los productos naturales, su milpa es más diversa y fértil: maíz, frijol, ayote y hortalizas llenan la mesa y el canasto. Con más alimentos para sus familias y la posibilidad de vender los excedentes, las hermanas avanzan hacia una vida con mayor autonomía.

Un insecticida natural

Con entusiasmo, las hermanas aprendieron a preparar un insecticida con hojas del árbol Neem durante el segundo taller. Eligieron las mejores hojas, las cortaron y mezclaron con paciencia, junto con el resto de las mujeres. El Neem se usa como insecticida natural para control de plagas agrícolas, como mosca blanca y gusanos y no daña a insectos benéficos.

Las hermanas Cojom no sólo siembran frijol y maíz: siembran aprendizaje en sus hijos. “Nuestros hijos pequeños también están aprendiendo estas prácticas. Así ellos ya van sabiendo que hay mejores formas de hacer las cosas”, dice Angelina. “Aprender vale la pena”, concluyen las tres. Las niñas y niños que hoy participan en la milpa crecerán con una relación más consciente con la tierra, preparados para enfrentar los desafíos del mañana sin abandonar sus raíces.

Las prácticas que hoy implementan las hermanas Cojom demuestran que es posible avanzar hacia un desarrollo sostenible desde la milpa, cuidando la tierra sin romper los lazos con la tradición. Al reducir el uso de agroquímicos y apostar por bioinsumos naturales, las familias protegen la fertilidad del suelo, la biodiversidad y la salud humana, al mismo tiempo que disminuyen sus costos de producción. Este equilibrio entre producción, cuidado ambiental y bienestar familiar es la base de una agricultura más justa y duradera.

Nuestros socios

Gracias a nuestros socios financieros y de implementación, sin los cuales este proyecto no sería posible. El programa de cooperación voluntaria del CECI se lleva a cabo en colaboración con el Gobierno de Canadá.

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